
Ya tenía la historia de la luciérnaga redactada de principio a fin, pero me faltaba una parte fundamental en cualquier cuento infantil: las ilustraciones. Y pensé que, puesto que la protagonista tiene una discapacidad visual, sería maravilloso que las ilustraciones las realizaran una o varias personas con diversidad funcional.
Toqué varias puertas y APAMA (Asociación de Padres de Alumnos con Discapacidad de Alcobendas) me abrió la suya de par en par, con mucho cariño. Las ilustraciones del cuento llevan detrás un taller de arte en el que han participado doce adultos, con diversidad funcional, pertenecientes a la asociación y que ha sido dirigido por una persona experta en el tema.
Y esta parte me encanta porque es cuando los conocí a ellos, qué suerte la mía. Sergio, Domingo, Susana, Kike, Paquita, Vero, Trini, Blasco, Alham, Tachi, Laura y Miguel Ángel, que guiados por Natalia Blanco, una gran profesional y artista, han dado vida, color y calor a mi pequeña historia. En las semanas que ha durado el taller, los he visto ilusionarse, concentrarse, reír, ayudarse, relajarse y crecer; no sé si ellos son conscientes de que en ese tiempo yo no he podido dejar de emocionarme. El resultado ha sido increíble, ¿no os parece?












