
Existen tantos tipos de familias y de personas como colores, tantos colores como tipos de familias y de personas; tantas cosas que podemos hacer y tantas que nos cuestan un mundo y, a la vez, tan distintas a las que puede hacer la persona que está a nuestro lado o la que vive a cientos de kilómetros. No somos mejores ni peores por ello, somos únicos, extraordinarios e irrepetibles.
Y hay un pegamento mágico que une piezas, que habla todos los idiomas, colores, géneros y orientaciones, que abraza diferencias, hace cosquillas a los prejuicios y da la mano a nuestras limitaciones para, juntos, subir montañas y, siempre, siempre, siempre lo arregla todo, si le dejamos: el amor.
Esta es la base sobre la que se construye Luciérnaga busca a su familia, para que los más pequeños de la casa, que son el futuro y la esperanza, lleven en su corazoncito unas sencillas premisas para mirar el mundo de una manera abierta, libre, empática y, por supuesto, llena de amor.
Luciérnaga busca a su familia habla de diversidad funcional a través de su protagonista, que es ciega. También habla, de manera sencilla y tomando forma de animales del bosque, de diversidad familiar: familia biparental, familia monoparental, familia homoparental o el concepto de familia de acogida se mezclan con la ternura y los trazos de acuarela en este cuentito.



