Os he hablado de cómo las inquietudes de mi hija fueron la semilla que germinó en Luciérnaga busca a su familia; de cómo su nombre y todo su ser me inspiraron para crear a la protagonista; os he explicado cómo esta historia nació con la vocación de enseñar al mundo la importancia de lo sencillo, de lo tierno, de lo imperfecto y de cómo con y por amor todo se puede. Pero muy pocos saben que este cuento supuso, y supone, una especie de redención, de catarsis para mí. Así que la pequeña luciérnaga tiene un poco, o un mucho de mí, de mi sentir todo este tiempo.
Por tomar la decisión más importante y bonita de mi vida, ser madre a tiempo completo, me he sentido, y lo sigo haciendo, aunque ahora en menor medida, invisible, en la sombra, improductiva, infravalorada y, en algunos casos, olvidada. Luciérnaga busca a su familia, de algún modo, es una manera de decir que sigo aquí y que cuidar, calmar, abrazar, acompañar y una larga lista de acciones conjugadas con el verbo amar son los cimientos de cualquier sistema social y económico.
Así lo reza un documento de bases elaborado por el Instituto de las Mujeres en 2023. Los cuidados “son aquellas actividades que permiten la regeneración del bienestar físico y emocional de las personas”, y constituyen “trabajos esenciales que sostienen la vida, y el sistema social y económico, con gran impacto en el bienestar de las personas cuidadas y cuidadoras”; explica dicho documento. Sin embargo, y a pesar de que la publicación arroja verdades como puños, que poco “cuidado” tenemos en España con algo tan fundamental.
Llevo más de cuatro años de excedencia por cuidado de mis dos hijos. Lo escogí voluntariamente, sí. Lo volvería a hacer, una y las veces que hicieran faltan. Pero no es justo tener que elegir porque en nuestro país no existen medidas de conciliación reales, ni verdadero apoyo hacia las mismas por parte de la inmensa mayoría de las empresas y de quienes nos gobiernan. Tampoco es justo ‘quedarse fuera’ y sentir que no aportas por escoger cuidar.
Los trabajos de cuidado, tanto remunerados como no remunerados, a pesar de que son esenciales para el bienestar colectivo de nuestras sociedades, están caracterizados por la infravaloración y la alta precariedad.
Si decides y económicamente puedes -que ese es otro tema que da para varios capítulos- dedicarte por completo a la crianza de tus hijos durante sus primeros años de vida, por otra parte cruciales para su desarrollo a todos los niveles, te conviertes en una especie de lastre para el sistema, o eso te hacen creer. Y ya no hablo de tu jefa o tu compañero de trabajo, ni siquiera del político de turno; hablo de la gente más cercana, de tu entorno, de amigos e incluso familiares.
He aquí algunas de las frases bienintencionadas que han ido haciendo mella en mi autoestima a lo largo de estos años y las respuestas interiores, e irónicas, que les he ido confeccionando para no entrar en un círculo de autodestrucción:
- Entonces, tú no trabajas, ¿no? – – Sí, mira, sí, veinticuatro horas, incluidas las noches, esas que llevo sin saber lo que es dormirlas del tirón desde que nació mi primera hija.
- Qué agustito estás ahí con tus hijos, sin ir a trabajar. – -Claro, mis hijos en realidad son decoración de la casa, les paso un poco el polvo y listo. ¿En qué cabeza cabe que los niños menores de tres años sean totalmente dependientes de ti, no paren ni un instante y que, por no dejar, no te dejen ni ir al baño? La mar de fácil todo. –
- Tú lo que tienes que hacer es irte a trabajar, que te vas a volver loca. – -Yo lo que tengo que hacer es tomar decisiones por mí misma y te aseguro que más loca me volvería el perderme a mis hijos durante todo este tiempo. –
- Entonces estás cobrando el paro, ¿no? – -Pues no. En España, las excedencias por cuidado de hijos menores de tres años no están ni reconocidas, ni valoradas ni remuneradas de ninguna de las maneras. Los cuidados son algo de segunda línea, o de quinta, vamos que están en las trincheras, aunque existan discursos y documentos maravillosos que los dibujen como imprescindibles.
Y es que ya lo sentencia el informe del Instituto de las Mujeres mencionado anteriormente, los trabajos de cuidado, tanto remunerados como no remunerados, a pesar de que son esenciales para el bienestar colectivo de nuestras sociedades, están caracterizados por la infravaloración y la alta precariedad; y apuesta por “un proceso de revalorización del cuidado como cambio de paradigma social y político”.
¿En algún momento pasaremos de la teoría a la práctica? Por el bien del sistema, de la sociedad, de nuestros hijos y de las generaciones que vendrán espero que sí, y que sea cuanto antes porque ya vamos tarde, muy tarde.
Mientras tanto cuidar y cuidaros mucho, siempre.





Deja un comentario